--LuN@ y L!Nk--

lunes, enero 16, 2006

II. Irreversible...

II.

Sin nada más que hacer, se sentó y prendió un cigarro. Alitas, lo único para lo que le había alcanzado. Sólo, en una ciudad en la que nunca había estado antes. Un idioma que no comprendía para nada. Sin nadie a quien llamar, sin idea de que hacer. Solo se sentó a fumarse un cigarrillo mientras el tiempo le arreglaba todo, como solía ser.

Se terminó el cigarro y volteó a su izquierda. Vio un autobús detenerse en la parada más cercana y presintió que ahí estarían ellos con quienes conviviría durante el próximo año. Y así fue que bajaron cuatro individuos, dos mujeres y dos hombres. Pasó rápidamente la vista por cada uno, sin poner demasiada atención, hasta que sus ojos se posaron sobre ella. De pronto, el tiempo se detuvo. No podría decir que era la mujer más bella que había visto en su vida. Sin embargo, había algo en ella que no podía explicar. Su cara, su sonrisa, no lo sabía. Solo sabía que no podía dejar de verla, hasta que ella lo miró a él, y no pudo resistir esos ojos.

“¡Despierta!”, pensó. Ellos ya se encontraban a unos pocos metros y se zafó del trance en el que esta niña lo había hecho entrar. Volvió a asumir su usual forma de ser. Siempre ocultando su miedo e inseguridad. Mostrando una máscara para no dejar que nadie conociera su verdadero yo.

Pero, ¿Quién era su verdadero yo? Ni él mismo lo sabía, pero esto no es nada que no les pase a todos. No había venido a una misión de auto-descubrimiento, no del todo al menos. Venía huyendo, sin saber de qué o por qué. O estaba aburrido quizá. Probablemente solo era un grito más para llamar la atención. Quizá sólo necesitaba alejarse de toda la mierda que era su vida antes de irse. Cualquiera que fuera la razón, ahora no había vuelta atrás.

La lucha por llegar ahí había provocado más tensión entre él y su padre de la que ya había. No importaba ahora. No lo vería en mucho tiempo a él ni al resto de sus problemas. Podría lidiar más fácilmente con ellos, uno a la vez. Por fin haría caso a su propio consejo. Por fin podría lidiar con sus problemas en vez de estar resolviendo la vida de los demás. Y no es que no le gustara ayudar a sus amigos, y dicho sea de paso, inflar su ego cada que estos le agradecían. Solo que esto lo había podrido por dentro. Tanto fingir ser el “pilar” (como solían decirle algunos) lo había convertido en un ser sin nada adentro. Había reprimido todo lo que sentía y lo había enterrado para no tener que lidiar con ello, para no tener que contárselo a nadie. Pero entonces, surgió la duda. ¿Cuánto tiempo pasaría antes de que toda esa mierda buscara la forma de salir? Las largas caminatas ya no tenían el efecto de antes, ni siquiera las que más disfrutaba, aquellas que siempre terminaban en casa de ella. Las ocasionales calentureadas que de vez en cuando disfrutaba con alguna muchachilla que conocía en alguna fiesta ya no le parecían tan emocionantes. Los interminables viernes tomando en el depa del Mono hasta perder el conocimiento no eran más que una rutinaria y aburrida búsqueda de algo que no encontraría ahí. Tenía que salir de ese depa, de esas fiestas, de esas aventurillas. Tenía que alejarse de todo. Salir de la caja en la que vivía. Ver que hay más allá. Despejar su mente. Tenía que huir.

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